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30 de diciembre de 2008

Entomología básica - Plecópteros

PLECÓPTEROS

Se conocen coloquialmente con el nombre de perlas. Estos insectos pueden llegar a medir hasta 5 cms., aunque los que encontramos en España no superan los 2,5 cms. Poseen la cabeza con dos antenas filiformes y largas, y dos ojos compuestos. Su cabeza es aplanada al igual que su abdomen, este dividido en 11 segmentos, acaba en dos cercos o colas al final. Sus tres pares de patas son robustas y provistas de uñas para asirse a las piedras con fuerza. Las alas son membranosas y grandes con las venas bien marcadas y estas las pliegan sobre el abdomen. Los dos pares de alas que poseen no son de igual extensión, siendo las anteriores menos anchas que las posteriores.

Los plecópteros pueden llegar a vivir hasta tres años siendo mas frecuente ciclos de un año del que solo tres semanas son adultos. Son unos insectos indicadores inequívocos de la pureza del agua donde habitan.

Tienen una metamorfosis incompleta denominándose sus estados juveniles ninfas. Estas son muy similares a los adultos, y en vez de alas desarrolladas presentan dos sacos alares en los que se ven como alas pero muy reducidas. También tienen los dos cercos como los adultos al final del abdomen.

Las ninfas netamente acuáticas extraen para respirar el oxigeno disuelto en el agua por medio de branquias situadas en la base de las patas o al final del abdomen. El tamaño de las branquias depende de la zona en la que viven, cuanto más fría y agitadas las aguas, más oxigeno habrá disuelto siendo las branquias más reducidas. Los plecópteros viven preferentemente en las zonas altas de los ríos, abundando mas en los ríos pequeños ya que en estas zonas las aguas son más frías y oxigenadas. En estas zonas se mueven por las piedras y la vegetación del fondo donde encuentran su alimento. Mayoritariamente herbívoras las especies más grandes son carnívoras, alimentándose preferentemente de otras ninfas e invertebrados acuáticos.

Algunas familias y especies de los plecópteros son:

Leúctridos: los adultos poseen los cercos reducidos y alas enrolladas por el cuerpo. Las ninfas viven en aguas rápidas aunque en corrientes lentas y fondos de lodo y fango con abundante vegetación.
Isopérlidos: Los adultos y las ninfas poseen cercos bien desarrolladas, prefiriendo aguas muy frías. Viven el zonas con arenas y sedimentos finos. Poseen un periodo de eclosión muy amplio que va desde febrero hasta finales del otoño.
Pérlidos: De tamaño relativamente grande. Las ninfas viven tanto en aguas frías como en aguas de mayores temperaturas, prefiriendo aguas no excesivamente rápidas. Las eclosiones de los adultos se producen desde finales de primavera hasta el verano.


Ciclo completo de la vida del plecóptero

27 de diciembre de 2008

Entomología básica - Tricópteros


TRICÓPTEROS

También llamados frigáneas, los tricópteros adultos son insectos de origen eminentemente terrestre, de color apagado, pardo, negro, amarillo ó grises, cuya principal característica anatómica es la división del cuerpo en tres partes bien diferenciadas de acuerdo a su función. Estas partes son cabeza, tórax y abdomen. La cabeza posee un par de antenas, finas y cerdiformes, formadas por muchos artejos y en muchos casos tan largas como su cuerpo, además de un par de ojos. En la cabeza están los órganos de los sentidos. En el tórax se encuentran tres pares de patas y dos pares de alas. La función del tórax es la locomotora. En el abdomen se encuentra su aparato digestivo y reproductor, este está dividido en nueve segmentos.

A estos insectos se les denomina tricóptero por que sus alas se encuentran tapizadas por diminutos pelos llamados tricos.
Este orden de insectos posee un ciclo de vida completo formado por huevo, larva, pupa y adulto, que dura alrededor de un año.
Los estados juveniles de los insectos en general, se pueden clasificar en dos formas principalmente, ninfas y larvas. Las larvas se diferencian de las ninfas en que estas no se parecen, como si ocurre en las ninfas, en su forma y apariencia a sus adultos, careciendo de patas y alas.

Las larvas pasan por un estado intermedio de letargo, en el que adquiere la apariencia de adulto, en el cual se les llama pupas, el cual no poseen las ninfas, pasando de ninfa a adulto sin dicha metamorfosis. Las larvas de tricóptero como colores más frecuentes poseen el crema, marrón y verde oliva , su tamaño oscila entre 10 mm. y 30mm. y se pueden dividir en dos grupos dependiendo de su forma.

Estas son las eruciforme (conocidas como canutillos) y las campodeiforme. Las primeras parecidas a una oruga de mariposa ó polilla, poseen unas glándulas próximas a la boca que segregan seda con la que construyen, uniendo materiales del fondo, un estuche transportable o bien un estuche que fijan a una piedra del fondo.
Estas larvas permanecen sujetas al estuche por medio de dos apéndices, con forma de gancho, situados al final del cuerpo. Las campodeiformes son de cabeza alargada y cuerpo más aplanado que las anteriores. Estas no construyen estuches transportables, sino fijos y frecuentemente temporales, en los que sitúan redes para capturar los restos de plantas y animales arrastrados por la corriente de los que se alimentan.

La seda que segregan estas glándulas también es utilizada como protección para pasar por el estado de pupa. Para atravesar el estado de pupa las larvas cierran y fijan los estuches al fondo con esta seda. Las pupas tienen el aspecto de los adultos, pero con fuertes mandíbulas que utilizan para abrir el estuche y salir nadando hasta la superficie, donde surgirá el adulto que volará a la vegetación de las orillas.

Los tricópteros adultos tienen dos pares de alas cubiertas de pelos que disponen plegadas a lo largo del cuerpo en forma de tejadillo cuando permanecen posados.
Las hembras adultas realizan la puesta de huevos en el agua o en sus proximidades, en forma de tiras junto con algo parecido a gelatina ,que se hincha cuando se humedece, para proteger los huevos. Los huevos eclosionan en el plazo de dos o tres semanas, apareciendo diminutas larvas. La vida de los adultos oscila entre una y dos semanas.

Ciclo completo de la vida del tricóptero

19 de diciembre de 2008


Atardecer en la playa de Pantín

Playa de As Furnas - Xuño
As Furnas - Xuño

La Lubina


La Lubina

Nombre Científico: Dicentrarchus labrax (Linneo 1758)
Galego: Robaliza
Castellano: Lubina
Inglés: Sea Bass
Francés: Bar
Euskera: Lupina Arrunta
Catalá: Llobarro

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA

La lubina, también llamada robalo, robaliza es un pez de la familia de los serránidos, natural del mar del Norte, el Canal de la Mancha y el Océano Atlántico, es decir, se puede encontrar desde las costas de Noruega hasta las costas africanas de Senegal. También es muy común en el Mar Mediterráneo, su presencia es menor en el mar Negro.


MORFOLOGIA

Es un pez fusiforme, con cuerpo redondo, robusto, alargado, ligeramente comprimido y con cabeza puntiaguda. Las hembras tienen el morro más puntiagudo que los machos, con una silueta más rechoncha, por lo que los machos parecen más delgados. La mandíbula inferior sobresale más que la superior en ambos sexos. Tienen una boca grande que al abrirse nos muestra unos labios amplios y a la vez, frágiles.
Las aletas dorsales, anales y caudales son oscuras, mientras que las pectorales y las ventrales son claras. La cabeza es oscura con una mancha negra sobre la parte superior de los opérculos y con dos escamas cicloides cortantes a ambos lados.
La lubina posee dos aletas dorsales separadas, la primera tiene ocho o nueve rayos espinosos, y la segunda está dotada de una primera espinosa seguida de doce o trece rayos blandos. Los rayos de la aleta anal son cortos, duros y muy afilados. La caudal, muy hundida, está formada por diecisiete rayos blandos. Las ventrales solo tienen un rayos espinoso, estando las pectorales constituidas por quince o dieciséis rayos transparentes.
La línea lateral, va desde la parte central de la aleta caudal hasta la altura de los ojos, curvándose ligeramente.
Puede medir 90-100 cm, si bien su talla media ronda los 40-80 cm. de longitud. Los ejemplares más grandes pesan de 4 a 9 kilos, e incluso pueden llegar hasta los 12 kilos.El color es variante, desde gris oscuro en el dorso, hasta llegar a ser blanco en la parte ventral, aunque en el agua se lo ve plateado brillante, más plomizo en el dorso, con irisaciones verde oliva. A la altura del opérculo tiene una zona sombreada negra que la hace inconfundible. Los ejemplares jóvenes tienen puntos negros dispersos por el cuerpo que desaparecen con la edad.


VIDA Y COSTUMBRES

La lubina acostumbra a nadar por las aguas oxigenadas de las costas rocosas y por los arenales, las zonas de estuarios, los puertos y las dársenas son también lugares que suele habitar, donde aprovecha para alimentarse de crustáceos, pequeños cefalópodos, gusanos, peces, erizos de mar y otros animales marinos, incluso penetra por las aguas dulces de las rías. Este acercamiento a la costa suele ser mayor en los meses de calor, alejándose en invierno. Los ejemplares jóvenes viven en bancos, volviéndose solitarios cuando se hacen mayores. Vive en zonas donde tiene que soportar una amplia gama de temperaturas, siendo capaz de sobrevivir en aguas frías de hasta 2°C. y calientes de hasta 32°C. Deja de alimentase por debajo de los 7°C. y su crecimiento se detiene por debajo de 10°C. Su temperatura ideal está entre 15 y 25°C. Parece ser que los 22ºC. es la mejor temperatura para su crecimiento. La velocidad de su crecimiento depende mucho de la temperatura, es más rápido en aguas más calientes que en frías. Pero también depende del sexo, las hembras crecen más rápido que los machos. El crecimiento se retrasa o estanca con la madurez sexual, cuando el pez se pone a producir los huevos o el esperma.
Igualmente, soporta muy bien aguas más o menos saladas: desde un 0,5% al 40% (la salinidad del mar es de 35%.). Por momentos, habita en agua dulce, remontando las lagunas y el curso inferior de ríos. Es un pez que normalmente se le encuentra cerca de la superficie y en aguas de poca profundidad, a excepción de la temporada invernal que emigra a grandes profundidades de hasta los 100 metros.
La lubina es sensible a los sonidos, incluso cuando la visibilidad es escasa, no se orientan en dirección a la perturbación producida, sino hacia la fuente sonora, lo que nos demuestra la gran precisión para localizar el origen de los sonidos. Estos ruidos los perciben hasta los 20 metros de distancia.

REPRODUCCION

Los sexos están separados, no son hermafroditas. La época de desove transcurre desde diciembre a marzo (varios machos fecundan los huevos de una hembra) llegando a realizar varios desoves en este período, aunque suele variar según la temperatura del agua.
Un poco antes de la puesta, el vientre de la hembra se infla mucho. Los machos se colocan cerca de ella, justo en parte inferior, y la siguen de cerca a lo largo de sus lentos desplazamientos. Uno, dos, o hasta tres machos por hembra. Esta pone sus huevas (sobre 250.000 por kilo de su peso) en una única puesta y en un período de tiempo de entre cinco a diez minutos.
Los huevos son pelágicos y los deposita en cavidades rocosas relativamente resguardadas, con fondo de guijarros, abiertas al mar, y en profundidades no superiores a los 10 metros. Los huevos, de aproximadamente 1,2 mm. de diámetro, remontan hacia la superficie y flotan en las aguas marinas. Se desarrollan muy rápidamente, teniendo lugar la eclosión del cuarto al séptimo día.
Las larvas al nacer miden sobre 3,5 y 4 mm. de longitud, se ponen a nadar con intermitencia y con la panza hacia arriba. Se dará la vuelta después de haber agotado todas sus reservas y haber acabado su desarrollo embrionario.
Al alcanzar los 3 cms., se revisten de escamas y toman la silueta del adulto. Cuando sienten algún peligro, su instinto les hace refugiarse en el fondo, se ocultan bajo la arena para pasar desapercibidos. En zonas rocosas, se refugia en las cavidades que encuentra entre las rocas.
Cuando el alevín está lo suficientemente fuerte, a los 40 ó 60 días, como para soportar un largo viaje, emigra a estuarios y rías en busca del alimento y le sirve a la vez de refugio seguro contra la voracidad de sus congéneres mayores y la de otras especies costeras. Se alimenta generalmente de plancton vivo y pequeños peces.
A partir de 20 centímetros, ingieren muchos camarones y cangrejos, sobre todo durante el período que dura la muda de estos.
Alcanzan la madurez sexual a los dos años los machos y a los tres las hembras.
En el Atlántico, los machos comienzan a reproducirse a la edad de entre 4 a 7 años, al alcanzar una talla de entre 32 y 37 cm. ; mientras que las hembras lo hacen a la edad de 5 a 8 años, midiendo entonces entre los 33 y 42 cm.
Las grandes lubinas, generalmente son hembras porque por término medio ellas crecen más que los machos.

ALIMENTACION

Es muy voraz y su dieta se compone principalmente de toda clase de crustáceos, peces pelágicos como la sardina y la anchoa, peces de fondo como el lanzón, moluscos, calamares, pulpos, gusanos, ... . Puede atacar a sus presas en cualquier momento del día o de la noche. Su alimentación no se detiene durante el período de reproducción.

PESCA

Principalmente se pesca en aguas muy agitadas donde se produce la espuma de las olas por las marejadas (pedreros y playas), en las corrientes, en los puertos, rías, estuarios ... .
Es habitual, que la lubina aceche a sus presas entre la espuma que forman las olas que rompen sobre las playas y pedreros. Es un pez sumamente fuerte y resistente, lo cual hace que sea una especie muy interesante para los pescadores deportivos por la combatividad que ofrece.Informar que el tamaño legal de captura es de 36 cm. para el Atlántico, creo que una medida escasa ya que lo ideal sería elevarla por lo menos hasta los 45 cms. por considerar que muchas de las robalizas no han alcanzado su madurez y por consiguiente tampoco han tenido la oportunidad de reproducirse.

14 de diciembre de 2008

Ruta del Agua de Guitiriz

La Ruta del Agua de Guitiriz es un suave paseo por la naturaleza, historia, literatura y etnografía de este hermoso municipio de Lugo.

Es un recorrido de menos de 20 kilómetros y sin desniveles que, siguiendo los pasos del poeta local Xosé María Diaz Castro a la orilla de los ríos Parga y Ladroil, recorre un verde camino que se extiende desde el puente de San Alberte hasta la Carballeira de Pardiñas.

Los lugares, historia y construcciones, harán del un camino muy recomendable: el punte de San Alberte en el Camiño Xacobeo del Norte, el puente de Pitero, de Parga, Ferreira, Montemeá o Moeiro; multitud de molinos, comolos restaurados deParga y Ferreira; las areas recreativas como la de Sete Muiños con su piscina natural; el castillo y la feria de Parga; las iglesias, capillas y la curiosa mezquita de Guitiriz enmarcada en el majestuoso Balneario de aguas medicinales.


Pero, por encima de todo esto, este sendero une las tres fuentes guitiricenses de aguas curativas más importantes: Valdovín, y su apreciable área recreativa; San Xoán de Lagostelle, en el imponente Balneario de Guitiriz; y la tranquila Fonte de Santo Domingo junto a la Carballeira de Pardiñas, marco del Festival que lleva el mismo nombre.

1 de diciembre de 2008

Entomología básica - Efemerópteros

EFEMERÓPTEROS



También denominados efímeras y cachipollas, estos insectos tienen la característica de tener una vida aérea o adulta muy breve, que en algunas especies apenas llega a algunas horas, emergen al caer la tarde y por la mañana han muerto.

Tienen un ciclo de vida incompleto (huevo - ninfa - adulto) que normalmente dura un año. Las efemeras, son insectos hemimetábolos, es decir, realizan varias metamorfosis a lo largo de su vida para "mudar" su exoesqueleto y poder crecer.

La penúltima transformación la realizan desde el estadío de ninfa (acuática y áptera) a subimago (terrestre y alado). La última transformación es desde subimago a imago, también terrestre y alado. A diferencia de cualquier otro insecto las efímeras son incapaces de plegar sus alas sobre el cuerpo. En algunos países se las denomina moscas de mayo, pero de ninguna manera están confinadas en exclusiva a este mes. Son voladoras mediocres y solo se las ve alejadas del agua cuando son arrastradas por el viento. Ninguna de las especies que habitan en la Península Ibérica poseen un brillante colorido, siendo los colores dominantes los pardos y los amarillos. Poseen las piezas bucales no funcionales, dos pares de alas, un abdomen con 11 segmentos y cercos. Tienen dos pares de ojos compuestos cada uno dividido en dos por un pliegue, en su extremo posterior el cuerpo lleva un par de largas colas multiarticuladas, entre las que, en algunos individuos, existe un tercer filamento semejante.

Durante el período de ninfas, viven en las anfractuosidades del fondo existiendo, según las especies, gran cantidad de adaptaciones, según el hábitat en el que viven. Las especies de aguas rápidas, poseen un cuerpo chato y un tórax desarrollado, dotado de fuertes patas aprehensoras, para sujetarse al fondo y evitar ser arrastradas por la corriente. Las adaptadas a aguas más lentas, son más estilizadas, poseen un abdomen desarrollado adaptado para la natación e incluso algunas especies se entierran y construyen pequeñas galerías en el sustrato blando del fondo. Este periodo en su vida es mucho mayor que el de adulto. Son básicamente herbívoras, se alimentan de algas y restos de vegetales aunque parece ser que algunas toman alimento animal. Casi todas las ninfas de efemópteros tienen tres colas.

El rango de tamaño de este orden, oscila entre los 8 mm. y 25 mm., alcanzando las especies mayores hasta 35 mm.. Generalmente, son de color del fondo en que habitan (marrón, oliva, negras, etc.) y se alimentan de detritos y pequeñas algas incrustadas en el fondo.

Una vez maduras, las ninfas se dejan llevar por la corriente y en superficie rasgan su exoesqueleto, apareciendo la forma alada (subimago). Tras algunas horas, se produce la última muda, en la que aparece el adulto definitivo (imago). Los subimagos se distinguen bastante bien, morfológicamente, de los imagos. En los subimagos, el color del cuerpo suele ser mas opaco y apagado con alas también opacas y con el borde lleno de pelitos. Los imagos, por el contrario, son de colores más brillantes; las alas son transparentes, sin pelitos en el borde y suelen tener mucho más desarrollados los cercos y los ojos, y los machos, las patas anteriores y parte del aparato reproductor. Estas características se aprecian a simple vista. La anatomía interna también sufre variaciones, obviamente.

Tras el apareamiento, las hembras depositan sus huevos en el agua y luego, ambos sexos extenuados, mueren.


Este es el ciclo completo de vida de un efemóptero y la comparación de los distintos estadios.

26 de noviembre de 2008

Salida en kayak

Hace unos días salí junto a mi compañero Cristóbal en su kayak, un rotomod ocean duo, en el cual se navega y se pesca perfectamente.



Empezamos la jornada, despues de bajar el kayak y cambiarnos, sobre las 09:30.

Comenzamos a palear pero al poco rato ya estabamos lanzando los peces; el dia muy bueno, aguas bastante limpias, poco viento y unas pocas gotas de agua inapreciables.

Todo lo bueno que presagiaba el día se estaba yendo al garete, ni una señal de las robalizas,
hasta que en una de estas, Cristóbal clava una que se ve que es buena por la señal que daba la caña en la forma en que se doblaba, un rato de pelea y a la sacadera, pesó 1,350 kg.



Seguimos dándole y al rato clavamos otras dos pero estas mas pequeñas y se sueltan sin que podamos verlas, luego Cristóbal clavó una peque que se fue por donde vino.

La mañana no dió para mucho más pero entre navegar y charlar el tiempo se esfumó.

Este domingo que viene volveremos a la carga, es lo que tiene esta pesca que engancha mucho, ya que al estar paleando, desplazandote, llegas a rincones que nadie más puede y se disfruta la pesca de otra forma.

Saludos.

P.D.: este articulo, el primero que escribo, se lo dedico al amigo y compañero Cristóbal por la ayuda desinteresada que tiene conmigo. Muchas gracias.

Robaliza pescada con paseante
Robalizas pescadas con minnows
Buena trucha pescada a mosca seca

Carpa pescada con maiz

Corrubedo

25 de noviembre de 2008


Bass engañado con un sammy

El tiempo atmósferico y la pesca con mosca

Muchas de las excusas en las que los pescadores de truchas nos apoyamos para justificar las malas jornadas de pesca tienen relación con el tiempo atmosférico. Frases del tipo “el agua bajaba muy fría”, “no había una nube en el cielo”, o incluso “había bajado mucho la presión”, nos resultan familiares a todos.

No cabe duda de que las condiciones atmosféricas existentes en cada jornada de pesca influyen decisivamente en el comportamiento de las truchas y, por tanto, en que la pesca se dé mejor o peor. De hecho, circulan entre los pescadores numerosas teorías que intentan explicar de una forma razonada la influencia que cada uno de los distintos elementos meteorológicos (temperatura, presión atmosférica, viento, etc.) tienen sobre nuestros peces. Sin embargo, no resulta sencillo comprobar si estas creencias, ampliamente extendidas en muchos casos, son realmente ciertas. Por un lado, la capa de agua hace que las truchas estén relativamente aisladas de la atmósfera, por lo que sienten la influencia de la mayoría de los elementos atmosféricos únicamente de una forma indirecta, a partir de los efectos que producen en el agua. Por otra parte, resulta imposible analizar en la práctica la influencia de cada uno de los distintos factores meteorológicos por separado, ya que siempre tendremos numerosos elementos, meteorológicos y no meteorológicos, actuando conjuntamente. En realidad, no habrá nunca dos jornadas con exactamente las mismas condiciones ambientales, y esta es seguramente la causa de que las reglas que pronostican una mejor o peor pesca según haga frío o calor, esté el cielo cubierto o despejado, etc., fallen a menudo.



Bajo el agua, los cambios de tiempo se sentirán de forma diferente.
Aunque sabemos que se trata, por tanto, de un asunto en el que es difícil hacer afirmaciones categóricas, intentaremos en este artículo hacer un análisis más o menos detallado de la posible influencia que los distintos elementos meteorológicos tienen en la pesca de la trucha común en ríos y arroyos (la influencia del tiempo en los lagos y embalses tiene ciertas peculiaridades que no trataremos en este artículo), fijándonos especialmente en la pesca a mosca, si bien la mayoría de los resultados y conclusiones son aplicables a cualquiera de las modalidades de pesca deportiva.

La presión atmosférica

De todos los elementos meteorológicos quizás sea la presión el más enigmático para el pescador y el que, tradicionalmente, más se ha prestado a conjeturas acerca de su posible influencia sobre las truchas. De hecho, no resulta difícil oír o leer teorías totalmente contradictorias entre sí. Para aclarar el asunto, conviene comenzar desde el principio, definiendo qué es la presión.
El aire pesa. Aunque es muy ligero (al nivel del mar y a 15ºC, su densidad es unas 1000 veces menor que la del agua), en la atmósfera hay una gran cantidad de aire: sobre cada metro cuadrado de superficie terrestre hay, por término medio, unas diez toneladas de aire. Y la presión atmosférica no es más que el peso del aire por unidad de superficie.
A pesar de deberse al peso del aire, la presión no solo actúa verticalmente, sino que se transmite en todas las direcciones (principio de Pascal), ejerciendo una fuerza perpendicular a cualquier superficie.

La unidad de medida de la presión en el Sistema Internacional es el pascal (Pa), que equivale a una fuerza de un newton por metro cuadrado. Por tradición, en Meteorología se suele utilizar más como unidad de medida el milibar (mb), que equivale a un hectopascal, es decir, a 100 pascales (1 mb = 1 hPa = 100 Pa)
Si ascendemos una montaña, la cantidad de aire que tenemos sobre nosotros disminuirá, por lo que la presión será menor, mientras que aumentará si bajamos al nivel del mar. Pero, además, debido a que el aire de la atmósfera se mueve permanentemente, la cantidad de aire que hay sobre un punto cualquiera de la superficie terrestre, así como sus propiedades físicas (densidad, temperatura, etc.), varían en el tiempo. Esta es la razón de que la presión atmosférica sobre un punto fijo también fluctúe en el tiempo.
¿Y cuál es la presión que experimenta una trucha bajo el agua? Pues es sencillamente la suma de los pesos de las capas de aire y de agua que tiene sobre ella, por unidad de superficie. Es decir, la suma de la presión atmosférica más la presión debida al peso del agua. Esto es lo que, en términos matemáticos, expresa la conocida ecuación hidrostática, la cual nos permite calcular la presión en función de la profundidad del agua:

p = po + r g h

en la que p es la presión a una profundidad h, po es la presión atmosférica en la superficie del agua, r es la densidad del agua y g la gravedad.

Vemos que la presión que siente un pez en el agua depende tanto de la presión atmosférica como de la profundidad a la que se encuentra. No es cierta, por tanto, la afirmación que hacen algunos de que la presión atmosférica no puede afectar a las truchas por encontrarse bajo el agua. Al contrario, la presión atmosférica es uno de los pocos elementos atmosféricos que las truchas pueden sentir directamente.


La presión que una trucha siente debajo del agua depende de la presión atmosférica po existente en la superficie y de la profundidad h a la que se encuentra
La siguiente cuestión es analizar si los cambios de presión atmosférica en un lugar determinado son lo suficientemente grandes como para que puedan afectar a la vejiga natatoria de la trucha, como afirman algunas teorías.

Pues bien, en las latitudes en las que nos encontramos, un cambio de presión atmosférica de 20 hPa en 24 horas es un fenómeno excepcional, que solo se observa una vez cada muchos años.

Este cambio de presión equivale al que se produce en un desplazamiento vertical en el agua de ... tan solo 20 cm. Es decir, la diferencia de presión que experimenta una trucha en una cebada, debida a su ascenso a la superficie del agua, es casi con toda seguridad mayor que la diferencia de presión que notará en las 24 horas siguientes debida a cambios en la presión atmosférica. Estos valores nos permiten afirmar, con poca probabilidad de equivocarnos, que la teoría de que los bruscos cambios de presión atmosférica afectan negativamente a las truchas debido a su dificultad para adaptar con la suficiente rapidez la vejiga natatoria a la nueva presión no es cierta: estos “bruscos” cambios de presión son, en realidad, muy suaves.

¿Quiere esto decir que la presión atmosférica no tiene ninguna importancia en la pesca de la trucha? Pues tampoco es del todo cierto, ya que los cambios de presión, y en concreto las bajadas de presión atmosférica, están a menudo asociadas a rápidos cambios de tiempo (bajadas moderadas o notables de temperatura, incremento de la fuerza del viento, aumento de la nubosidad, lluvia, etc.) que, indudablemente, afectan al comportamiento de las truchas. Es decir, todo apunta a que la influencia de la presión sobre las truchas sea, en todo caso, indirecta.
Aunque existen en el mercado numerosos modelos de barómetros de pequeño tamaño y reducido precio (en realidad, los altímetros no son más que barómetros), su utilidad en el río será prácticamente nula.

La temperatura del agua

El principal efecto que tienen los demás elementos atmosféricos sobre la actividad de las truchas es, seguramente, debido a su influencia sobre la temperatura del agua.

La trucha, al igual que la mayoría de los organismos acuáticos, es incapaz de mantener su cuerpo a una temperatura diferente a la del medio en que se encuentra, es lo que se denomina un animal “de sangre fría”. Por tanto, su actividad está estrechamente relacionada con la temperatura del agua: a bajas temperaturas, sus necesidades energéticas son pequeñas, por lo que su actividad será también reducida. A medida que aumenta la temperatura aumentan sus necesidades de alimento y oxígeno, y su búsqueda de alimento será más, por tanto, cada vez más intensa. Sin embargo, este aumento de actividad no es indefinido: por encima de una determinada temperatura, la demanda metabólica de energía supera a la que la trucha puede conseguir alimentándose, por lo que la trucha abandonará sus puestos de caza y buscará refugios en los que la temperatura del agua no sea tan elevada; la temperatura a la que esto ocurre es variable, ya que depende, entre otros factores, de la cantidad de alimento disponible en cada momento. A temperaturas aún mayores, el pez comienza a experimentar daños en su organismo, hasta que se llega a una temperatura por encima de la cual la trucha es incapaz de sobrevivir.

Son numerosos los estudios que tratan de determinar los rangos de temperatura del agua preferidos por las truchas. La mayoría de ellos están basados en experimentos realizados en laboratorios para poder mantener todas las condiciones ambientales constantes excepto la temperatura del agua y garantizar así que las respuestas de los peces no se deben a otros factores. Los resultados, como es lógico, difieren de unos estudios a otros, por lo que deben considerarse más bien como valores orientativos. Por dar unas cifras, el rango de temperaturas óptimo para la trucha común es, según Barton, de 8 – 17 ºC, y la temperatura máxima tolerable por tiempo indefinido (durante cortos periodos de tiempo pueden soportar temperaturas mayores) oscilaría entre 23.5 y 26.7 ºC dependiendo de diferentes factores (aclimatación previa a altas temperaturas, edad de la trucha, etc.)

La temperatura del agua influye también sobre el resto de los organismos acuáticos, y por tanto sobre la disponibilidad de alimento, por lo que su importancia en la pesca de la trucha ofrece pocas dudas. Llevar en nuestro chaleco de pesca un pequeño termómetro para medir la temperatura del agua al llegar al río nos puede ayudar a hacernos una idea de las posibilidades de pesca que ofrece la jornada.

La influencia del tiempo atmosférico en la temperatura del agua

Es evidente que la temperatura del agua depende, en gran medida, de las condiciones atmosféricas. Sin embargo, no resulta sencillo determinar con exactitud esa relación por la multitud de factores que entran en juego. Así, la temperatura del agua está condicionada por diferentes elementos atmosféricos (temperatura del aire, nubosidad, viento, etc.) y, a la vez, por factores astronómicos (radiación solar), hidrológicos (forma del cauce del río, caudal, afloramiento de aguas subterráneas, fusión de nieve acumulada, etc.), biológicos (sombra debida a la vegetación) y topográficos (orientación del valle, sombra topográfica). La temperatura del agua de un río variará en el tiempo y en el espacio; incluso dentro de un mismo tramo de río habrá diferencias de unos puntos a otros debido a la existencia de zonas en las que el agua se renueva muy lentamente, al surgimiento de manantiales o a la llegada de afluentes con distinta temperatura del agua, etc.

Existen estudios, principalmente estadounidenses, en los que se ha medido la temperatura del agua en varios puntos de un río durante algunos meses y se ha hecho una comparación con los datos meteorológicos observados en estaciones próximas. A partir de los resultados de estos estudios, podemos establecer de forma orientativa un orden de importancia de los distintos elementos meteorológicos en la temperatura del agua, y que sería el siguiente:

Temperatura del aire
Insolación
Humedad del aire

Aunque intervienen también otros elementos meteorológicos, como son la precipitación y el viento, su influencia en la temperatura del agua es mucho menor.
En los siguientes epígrafes analizaremos cada uno de estos elementos por separado.

La temperatura del aire

Todos los estudios coinciden en señalar a la temperatura del aire como el factor más importante para explicar las variaciones de la temperatura del agua. En efecto, la temperatura del agua de los ríos sigue aproximadamente las oscilaciones de la temperatura del aire, observándose un ciclo anual, con un máximo en verano y un mínimo en invierno, y un ciclo diario, en el que se alcanza la temperatura máxima generalmente por la tarde. Debido a la mayor inercia del agua a los cambios de temperatura, se observa normalmente un cierto retraso en las oscilaciones de la temperatura del agua respecto de las del aire; así mismo, la amplitud de dichas oscilaciones es menor en el caso del agua.

Por tanto, la muy conocida regla de que el mejor momento del día para pescar es aquel en el que la temperatura es la más agradable para el pescador (mediodía en los primeros meses de la temporada y anochecer y amanecer durante el verano) parece del todo razonable, ya que en esos momentos será probablemente cuando también se alcance la temperatura del agua más adecuada para las truchas y para los organismos acuáticos que forman la base de su dieta.

En cuanto a la intervención de factores no meteorológicos, el caudal de los ríos y la estructura de los cauces son los principales factores que modulan la influencia de la temperatura del aire. Así, los ríos poco caudalosos se calientan más durante el día y se enfrían más durante la noche que los ríos de caudales elevados. Además, a igualdad de caudal, se observa una mayor oscilación de la temperatura del agua en los ríos anchos y poco profundos que en los ríos profundos y estrechos, más aislados del aire por presentar una menor superficie.

Un caso especial lo constituye la fusión de la nieve acumulada, siendo frecuente observar en zonas de montaña durante la primavera temperaturas del agua muy bajas en días de temperaturas relativamente altas.

La insolación y la nubosidad

El segundo elemento en importancia por su influencia sobre la temperatura del agua, después de la temperatura del aire, es la insolación efectiva, es decir, la cantidad de radiación solar que incide sobre la superficie del agua.

La insolación depende, en primer lugar, de factores astronómicos como son la época del año, la hora del día y la latitud. Como sabemos, en nuestras latitudes la energía solar que llega al límite superior de la atmósfera tiene un máximo en el solsticio de verano (21-22 de junio), en el que la duración del día es máxima y el sol alcanza su punto más alto en el cielo, y un mínimo en el solsticio de invierno (21-22 de diciembre), en el que se dan las condiciones inversas.

Sin embargo, la cantidad de energía solar que finalmente incide sobre la superficie de un río es menor. Las nubes reflejarán parte de esa energía al espacio, tanto más cuanto más abundante sea la nubosidad y cuanto mayor espesor tengan las nubes. Por otra parte, la sombra proporcionada por la vegetación de ribera puede tener gran importancia en la temperatura del agua, especialmente en el caso de ríos estrechos y poco caudalosos, evitando que en los días de verano la temperatura del agua llegue a valores elevados. En el caso de cañones y valles encajonados, la sombra debida a las propias laderas del valle también puede tener una influencia significativa en la temperatura del agua.
En muchos ríos estrechos, la sombra proporcionada por la vegetación contribuye decisivamente a evitar que se alcancen temperaturas del agua excesivamente altas para las truchas durante el verano

Tradicionalmente, se consideran mejores los días con nubosidad abundante que los días despejados para la pesca de la trucha, especialmente si está avanzada la temporada. Sin embargo, es difícil demostrar la causa de esta influencia positiva de la nubosidad. En los días nubosos el agua no suele alcanzar temperaturas tan elevadas como en días despejados, lo cual puede tener bastante importancia en los cálidos días de verano. Algunos autores apuntan también que la nubosidad puede favorecer indirectamente una mayor actividad de las truchas al necesitar los subimagos de efémera recién eclosionados más tiempo para secar sus alas resultando, por tanto, más vulnerables y apetecidas por las truchas. También se sugiere que los ojos de las truchas son especialmente sensibles a una alta luminosidad. Pero es probable que la causa principal sea, simplemente, que las truchas se sienten más seguras con poca luz que bajo un sol intenso que ayuda a delatar su posición, volviéndose más activas y menos recelosas en los días con nubes.

La humedad del aire

Por motivos obvios, las truchas son incapaces de sentir directamente la humedad del aire, razón por la que tradicionalmente no se le ha dado ninguna importancia en la pesca. Sin embargo, su influencia sobre la temperatura del agua, y por tanto sobre la actividad de las truchas, es más importante de lo que en principio puede parecer.

Como hemos visto, la temperatura del agua de los ríos depende principalmente de la temperatura del aire, de manera que un aumento de la temperatura del aire provoca, en general, un aumento de la temperatura del agua. Para valores ni muy altos ni muy bajos, la relación entre la temperatura del agua y la temperatura del aire puede considerarse como lineal. Sin embargo, cuando la temperatura del aire alcanza valores altos, la evaporación de agua del río comienza a ser considerable, con lo que el efecto de un aumento de la temperatura del aire se ve parcialmente compensado por el enfriamiento debido a la evaporación. A medida que se van alcanzando mayores temperaturas, el aumento de temperatura del agua correspondiente va siendo cada vez menor, pudiendo llegar a ser prácticamente nulo.

En estos casos de altas temperaturas, la humedad del aire desempeña un papel fundamental, ya que la evaporación del agua es mucho más efectiva cuando el aire está seco que cuando está húmedo. Resulta así que en los días tórridos y húmedos la temperatura del agua alcanza valores considerablemente más altos (y por tanto menos favorables para la actividad de las truchas) que en días igualmente tórridos pero secos.

La precipitación

Los días lluviosos, aunque incómodos para el pescador, suelen considerarse buenos para la pesca de la trucha, siempre que no llueva en exceso y que el agua se mantenga clara. Se suelen dar diferentes explicaciones a este hecho, resultando difícil precisar cuales son las más acertadas.

En primer lugar, es de esperar que las truchas se muestren más confiadas cuando llueve, ya que resulta muy difícil verlas bajo el agua debido a la baja luminosidad y a la distorsión de la película de agua producida por las gotas de agua. Además, la lluvia arrastra hacia al agua a insectos que vuelan sobre el río, pudiendo causar un aumento del interés de la trucha por lo que caiga del cielo en esos momentos. Si pescamos en la superficie, las truchas verán con menos nitidez nuestras moscas y serán, probablemente, más fáciles de engañar. Y, finalmente, el enfriamiento del aire producido por un chubasco tormentoso de verano, unido al ligero enfriamiento directo que producen las gotas de lluvia sobre el agua del río, puede hacer descender la temperatura del agua lo suficiente como para que las truchas pasen de una inactividad total a alimentarse activamente.

El viento

El viento favorece el intercambio de calor entre el aire y el agua, tendiendo a igualar la temperatura del agua a la del aire. A su vez, la evaporación es más efectiva en los días ventosos, reforzándose el enfriamiento por evaporación visto anteriormente, si bien su importancia es menor que la de la humedad del aire.

Algunos autores afirman que los subimagos son menos apetecidos por las truchas en los días con viento, prefiriendo alimentarse en esos casos de emergentes. La razón argumentada tiene relación, nuevamente, con el tiempo de secado de las alas de los subimagos, que será menor cuando sople el viento, y quizás el viento ayude a emprender el vuelo a estos insectos, volviéndose entonces un bocado más difícil de conseguir y, por tanto, menos apetecido por las truchas.

Para el pescador de mosca, el viento es casi siempre un incordio. Dificulta el lanzado y a menudo desplaza a la línea favoreciendo el arrastre de la mosca, pudiendo convertir una jornada de pesca es un auténtico calvario, sobre todo si tenemos que luchar contra un fuerte viento de cara. Por ello, resulta de gran utilidad conocer el día anterior la dirección en la que va a soplar el viento para planificar nuestra jornada de pesca, especialmente en días en los que se esperen vientos moderados o fuertes. Si miramos la predicción meteorológica, podemos saber la dirección y la intensidad del viento previstas para cada zona. Sin embargo, hay que tener en cuenta que, en nuestro país, muchos de los tramos trucheros corresponden a ríos de montaña que circulan por valles bien perfilados. En ellos, al soplar el viento, el aire queda encauzado por las laderas del valle, por lo que prácticamente siempre soplará en la dirección del río, ya sea agua arriba o aguas abajo, a la vez que aumentará su intensidad. Si, por ejemplo, se prevén vientos del suroeste, en los ríos con orientación este-oeste o norte-sur el viento soplará, previsiblemente, aguas arriba, mientras que en los valles con orientación oeste-este o sur-norte soplará aguas abajo. Esta sencilla regla, que se cumple en la mayoría de las ocasiones (si bien, como ocurre con todas las reglas, no es infalible), resulta especialmente útil para evitar los ríos en los que vayamos a tener que lanzar contra el viento, en el caso de que podamos elegir entre varios ríos, o al menos, para ir preparados para enfrentarnos contra un fuerte viento de cara.